martes, 5 de diciembre de 2006

Imaginar...

Hoy es uno de eso días... raritos, y navegando por quién sabe dónde encontré esto que sigue... "Imaginar es vencer, en la mente, la clausura de lo que las cosas son ahora. Es relativizar el ahora, es levantarse sobre lo inmediato; es, en cierto modo, rebelarse contra los puros datos para no sumarse a ellos. Porque una vez que la imaginación está presa, nada queda libre en el hombre. No en vano la propaganda (comercial, política, religiosa) procura sobre todo llenarnos de imágenes -ante todo con imágenes de lo que debe significar para nosotros la felicidad." Me parece el resumen de lo que me pasa a veces. Vencer en la mente la clausura de lo que las cosas son ahora, relativizar mi ahora, levantarme sobre lo inmediato... sobre este "mientras tanto" que a veces dura demasiado y confunde. Nunca me gustaron mucho los datos, en realidad no me gusta someterme a ellos... me dan sensación de ahogo y se me subleva el alma., aún sin yo quererlo. Mi mente tiene una rara y copiosa memoria, pero tan selectiva que me asusta a veces. Las imágenes impuestas no oradan la piedra de mi cerebro y así me quedo con mucho, pero descarto mucho más. No se graban por siempre los adioses, pero si los holas. Se me pierden las palabras de despedida pero quedan las de bienvenida. Los ausentes no son los que se han ido, sino los que yo he sacado de mi vida. Así es como sin querer me voy quedando con todo lo que amo, y parte de lo que odio a modo de lección de lo que nunca más será. No despido cuando digo adios con la mano, sino cuando arranco el pedazo de corazón donde se encontraba lo que abandono. Y sé que eso no vuelve a meterse en mi vida, salvo rozando superficies que no llegan a comprometer mi alma. A veces hago un clic, y vienen en torbellino todas las imágenes mezcladas, desde adentro y desde afuera... luchando por reubicarse... Cuando eso pasa es tiempo de callar, hacer el silencio más profundo y sólo oír la respiración de los recuerdos. Me permito volar más allá de mis sentires inmediatos y hay tenazas que lastiman, hay bebes que rien y otros que no alcanzaron a llorar... hay un amor que me imagino, que será o no... hay perdones y rencores, hay de ellos, de vos... pero hay tanto de mi que me duele. Extrañar es volver un poco sobre los pasos, recordar a ojos cerrados lo que tuve y ya no tengo, pero tambien es devolverlo un poco al presente. Es traerlo de nuevo, refrescarlo, dale vida y depurarlo hasta que ya no se extrañe porque volvió, aunque sea por un rato. No me gusta extrañar, necesito conmigo todo y más. Nunca es suficiente para mí. Es difícil conformarse con menos que eso... con menos que todo. Sil

sábado, 2 de diciembre de 2006

Tucas y algo más...

Hace unos días tuve la dicha de viajar a Capital Federal nuevamente. No hay lugar en el que uno se pueda sentir más vivo que ahí, sobre todo cuando se es oriundo de una pequeña ciudad del interior como mi ciudad de Bahía Blanca. En Capital todo es grande, todo es mucho, todo es lejos, todo es un amasijo de razas, idiomas, dialectos, modismos y americanismos de personas que llegan a esta tierra desde países cercanos y no tanto, con el mismo sueño de crecimiento que a lo mejor no ven tan claro en su propia tierra. Todo es, o todo parece, y mientras parezca siguen adelante con ese sueño prendido al alma, pateando de prepo las calles que a veces, solo a veces, se ponen tan duras como inhóspitas hasta para los que deberíamos sentirnos en nuestra propia casa. No siempre me pasa sentirme en casa cuando camino las calles de Buenos Aires, pero creo que como nos pasa a todos, eso no tiene que ver con la ciudad, sino el propio ánimo que nos lleva a estar en uno u otro lugar, con la finalidad del viaje, con las ganas que uno le ponga a la cosa. Yo tenía ganas, y le puse garra… Caminé como loca, hice trámites, molesté a mis amigos en vivo y por teléfono, charlé con todo lo que se me puso adelante, como siempre hago, y terminé en la Estación Constitución unas cuantas horas antes de lo que debería. Tenía que hacer tiempo y quería dos cosas. Tomar un cortado mediano (mediano, ni grande ni chico… me-dia-no) y fumar un cigarrillo. Pero las dos cosas a la vez. No tomar el café, primero, y salir a fumar a la calle, después. Es decir... Yo quería algo imposible en cualquier bar que cumpla con las leyes, ya que está prohibido fumar en lugares cerrados… En eso estaba y pensé que encontraría un barcito de las características que esperaba en los alrededores de la estación… Así es como salí en su busca… por la dirección equivocada. Sin darme cuenta cómo, aparecí en calle Lima, que yo no conocía, y barcitos había, si, pero me pareció que fumar un cigarrillo y tomar un café en el interior de cualquiera de ellos era poco menos que suicida, por lo que decidí volver al hall de la estación y tomarme un helado. No se parecía a lo que estaba buscando pero seguro el heladero no tendría tantas ganas de apuñalarme o hacerme conocer alguno de los pintorescos albergues transitorios que iba viendo mientras trataba de escapar de esa cuadra, donde pude apreciar infinidad de señoritas gordas en trajes de raso de vivos colores, y señores con aspecto de fiolos que me manoteaban a la pasada. Me sentía la sortija de la calesita del parque Independencia (zoológico de Bahía Blanca), pero por suerte nadie me agarró del todo. No es que una sea la gran cosa, pero si alguno camina por esa calle descubrirá que cualquier ser humano con aspecto de mujer que aparente haberse bañado en la última semana y no venga con una nuez de adán del tamaño del coliseo, tiene muchas chances de obtener lujuria, y hasta ganarse el sanguche de mortadela y la coca. Pero parece que no querían eso.. Nunca tengo suerte. Todo el tiempo me decían algo que yo pensé que tenía que ver con mi andar delicado (Delicado para esa zona, entiéndase bien… no soy la Chiqui Legrand, pero en el país de los ciegos…) Yo escuchaba, mientras casi corría hacia la esquina, algo así como “pituca, no corrás, morocha… “ “pituca…..”, y cosillas que no repetiré por educación, amén que ni siquiera sé lo que significaban algunas. En fin. Tenía que salir de ahí y, por razones obvias, no andaba con muchas ganas de quedarme a conversar con esa fauna rara. Así que, con evidente malhumor, le digo a uno de ellos, mientras me zafaba de la mano que me agarraba el codo: “Qué pituca ni pitucaaaa!!! Yo soy una laburante igual que Uds. y estoy jugada con el tiempo, sino con gusto charlamos, pero me espera mi papá en la esquina, che!!!” Se reían… DE MI, y dele con eso de …TUCA, TUQUITA… Yo seguía pensando que venía por el lado de la finura que ellos sospechaban en mí, de la cual carezco, pero parece que puedo engañar fácilmente a algunos. En fin… Los fui dejando atrás y llegué a la estación, donde me desasné… Mi amigo el barrendero de la estación me dijo que lo que me ofrecían o me pedían, lo cual es más ridículo aún, era una TUCA, o varias, no se habló de números. Pero Tuca no es diminutivo de Pituca, ni hace alusión a que uno sea fino o delicado. Tuca es un pucho, pero de marihuana! Me ofrecían o pedían DROGAS, a mi!!!!!! Justo, a mí. Sor Silvia La Que No Solo No Lo Hace Sino Que No Lo Nombra!! Esto demuestra que se puede tener mucha calle, mucho andado, mucho de todo, como evidentemente tenían esos señores y señoritas tan particulares, pero aún así, ser absolutamente ignorante en el arte de conocer a las personas. Solicitar de mí algo como una Tuca es algo que demuestra una de dos cosas: O son todos egresados sin honores de Luis Braile, o a fin de mes aflojan tanto las ventas de cochinadas que en el tiempo libre que esta situación les genera, aprovechan para horrorizar a cuanto pacato que se precie caiga desprevenido por su zona de influencia. Ahora, yo soy pacata y a mucha honra, pero de pacata a tuquera de albergue transitorio de cuarta hay un abismo de distancia que no pienso recorrer en lo que me resta de vida. De cualquier modo muchachos, fue un gusto pero… Gracias… recién tiré. Sil