La Amazona y La Piedra
La Amazona y La Piedra
En la humildad de lo que sigue vaya mi más profundo homenaje a la mujer que en silencio y desde hace tanto tiempo, es la imagen viva de lo que siempre quise ser...
Una mamá...
A vos, vieja,
Por lo que decís y por lo que callás,
Por las broncas y por las risas,
Por las lágrimas,
Por los ovarios y por la garra,
Por este día lleno de tu recuerdo,
Por los que pasaron y por los que vendrán…
Gracias!
Quise comenzar este pequeño cuento citando las palabras de Julio Alonso:
"Antaño, la mujer estaba relegada exclusivamente a las tareas domésticas, al servicio del dueño y señor de ese castillo familiar llamado hogar.
Sin embargo, la integración de la mujer en todos los órdenes de la vida es un hecho innegable, guste o no, y los tiempos de la mujer sometida y discriminada están llegando a su fin, aunque falta todavía la última vuelta de tuerca, ese giro necesario que algunos no parecen dispuestos a dar. Y me pregunto si esto obedece a algún tipo de estrategia política o si, en el fondo, es el miedo a una sociedad matriarcal.
Porque el hombre siempre tuvo miedo a una sociedad dirigida por mujeres, a una estructura femenina de la sociedad, tal como ocurría en la Leyenda de las Amazonas, leyenda estrechamente vinculada con la conquista de América.
En aquel entonces tuvieron una especial influencia los libros de viajes y las novelas de caballerías, y cobraban especial relieve las que hablaban de lugares paradisíacos ubicados en lo que podría haber sido el Paraíso Terrenal...
Se hablaba de una tierra habitada sólo por mujeres; bellísimas y belicosas... que peleaban a la jineta protegiendo inimaginables riquezas ...
Esta leyenda, tomada por verdadera allá por el siglo XVI, se extendió a todo el sur del continente americano, y se ubicaba a este pueblo principalmente en las selvas de los ríos Orinoco y Amazonas, donde se suponía estaba el tan anhelado El Dorado, quimera que costó la vida a muchos aventureros y conquistadores.”
Pero la leyenda de las amazonas era eso, una leyenda, una historia imaginaria que daba lugar a un temor infundado y desmedido...
Sin embargo, el vilipendio sufrido por las mujeres a lo largo de la historia, hace que éstas sean desconfiadas con respeto a los hombres.
Y al hombre le pasa lo mismo cuando las piensa; aunque no por idénticas razones, sino por miedo a su fuerza interior, a su férrea voluntad templada a costa de golpes y sinsabores soportados en silencio, en franca desventaja física, aunque no moral; porque la razón de la fuerza física es la pérdida de la razón moral, de los argumentos, del intelecto.
Por eso se desconfía de la venganza femenina y se le cierra el paso en una batalla perdida de antemano, porque ellas cuentan con un arma poderosa que es la razón, sostenida por un alma de hierro y un corazón que son las garras mismas de la leona que moriría por sus hijos.
Hacen bien en respetarlas y ser precavidos...
Hacen bien en no menospreciar su fuerza...
Hacen bien hasta en temerles...
Allí donde hasta los mas valientes caerían apresados por el pánico es donde ellas se yerguen inmensas, poderosas, con el impulso de millones de años de historia que dicen que cuanto más grande es el monstruo, más enormes son las ganas de derrotarlo...porque en el tamaño del desafío está la clave oculta de su crecimiento...
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LA AMAZONA Y LA PIEDRA… el cuento.
Érase una vez un ser perteneciente a la más pura estirpe que Dios haya puesto sobre la tierra... Alguien cuya templanza y fortaleza solo eran similares a sí mismas, aunque se hallaban enmascaradas por la humildad propia de quienes las poseen.
Es en esa rara conjunción de dulzura y firmeza, en el punto mismo donde la mente y el corazón se encuentran, donde esta maravillosa mujer se hallaba varada...su ceño fruncido y el gesto desorientado de los que no pueden encontrar la solución que debería estar al alcance de su mano...
Allí, en medio del camino, estaba la piedra más grande que jamás hubiera visto...Se la veía ostentosa, orgullosa en su tamaño y con la actitud de un déspota emperador frente al más oprimido de sus súbditos...
Tanto era el poder que parecía filtrarse de sus apretados poros marmóreos que, por primera vez en su vida y aún a costa de todo razonamiento lógico, la Amazona le temía en la misma medida en que deseaba apartarla de su camino.
Sabía que tenía que avanzar.
De alguna manera que no alcanzaba a descubrir debía encontrar la forma de llegar al otro lado, como fuera, porque de no hacerlo así su vida con seguridad se extinguiría allí y de pasar eso, todos los que la esperaban sabrían que había muerto, no ya en medio de una lucha que dignificara su partida, ni siquiera presa del pánico... sino de vergüenza.
Cuanto más la miraba, más grande le parecía la piedra y mas pequeña se veía a si misma... Lo había intentado todo, empujarla, tirar de ella y hasta utilizar un tronco a modo de palanca, pero mientras más lo intentaba, más cerca estaba que sus lágrimas indicaran que el abatimiento y el abandono habían ganado a su determinación. En este punto fue cuando decidió sentarse a descansar al costado del camino, sus piernas pendiendo hacia el vacío, apuntando sus descalzos pies hacia el fondo del abismo donde yacían los restos de aquellos que de seguro no habían encontrado la forma, tal y como le sucedía a ella, y habían decidido que la lucha sin sentido no debía prolongarse más.
Con esta imagen grabada en sus retinas se propuso descansar, solo un rato, lo necesario para reponer fuerzas...
Eso pensaba mientras, lentamente, fue quedándose dormida...
Así pasaron las horas hasta que por fin despertó y miró nuevamente a su enemiga.
Silenciosa e imposibilitada de creer que la roca fuera de origen natural comenzó a verla como un monstruo venido desde otro mundo, creado y puesto allí para enseñarle que era pequeña y débil... Quizás, si así fuera, el rendirse fuera menos indigno y hasta lógico.
Ya casi se había entregado a su suerte de muerte segura cuando desde la cima empezaron a descender los mas raros personajes que jamás hubiera visto o imaginado que allí encontraría...
Cuando el primero de esos viajeros llegó a su lado, no pudo dejar de notar que traía a cuestas una enorme bolsa con aspecto de pesada e incómoda de transportar...el semblante del hombre reflejaba su esfuerzo, pero al elevar los ojos y mirarla, la mujer vio tanta determinación que inmediatamente bajo los suyos y con gesto de vergüenza se hizo a un lado para permitirle pasar, imaginando desde antes la reacción de desencanto cuando el hombre no pudiera continuar su camino mas allá del enorme monstruo de mármol...
Grande fue su asombro cuando el delgado cuerpo del hombre se inclinó y con el único brazo que tenia libre, levantó la piedra con tanta dificultad que la mujer temió que cayera muerto allí mismo... Pero eso no sucedió, y el hombre continúo su camino, aunque la roca estaba de nuevo en su lugar... fría y enorme...
La estupefacción la congeló pero no tuvo tiempo de pensar demasiado en eso, ya que al cabo de unos pocos minutos, divisó a una anciana que venia acercándose en su dirección, siguiendo el rumbo que el hombre había tomado y con una bolsa que parecía aun más pesada que la de él.
El aspecto de la vieja era totalmente distinto, pero al cruzarse sus ojos, la misma sensación de vergüenza la invadió, por lo que bajó nuevamente la mirada y le permitió seguir adelante, hacia el monstruo...y más allá de él...
No había exhalado el aire de su inspiración de asombro, cuando una niñita, la más frágil que pudiera imaginarse, apareció y con idéntico proceder, avanzó con su inmensa bolsa a cuestas.
La miró solo un segundo antes de que los ojos de la Amazona volvieran a mostrar vergüenza, y siguió su camino con idéntico resultado que los anteriores... La sucesión de viajeros se hizo más y más larga, interminable...
La mujer trataba en vano descubrir el secreto que los hacia diferentes a ella, mas no acertaba a dar con él...
Dentro de su mente y de su corazón, sabía que la respuesta estaba en algún lugar, pero no podía o no sabía como encontrarla...
Así es como casi desmayada por la falta de alimento, la sed...el cansancio acumulado, con el alma oprimida por la desesperación, algo comenzó a crecer dentro de ella...
Casi sin fuerzas por el agotamiento y el dolor logró incorporarse y ya de pie, firme frente a la roca, las lágrimas comenzaron a fluir, descontroladas, a borbotones...
La miró, los ojos entrecerrados, los puños apretados, y toda la furia que había en su interior comenzó a calentar su cuerpo helado.
Como poseída se acerco al frió mármol y sin apenas despegar los labios murmuro más para si que para su enemiga las palabras mas sentidas y poderosas que una Amazona pudiera haber pronunciado...
Dicho esto y sin apartar la vista se hincó y con la sola fuerza de sus cansados brazos, levantó la roca y la arrojó al abismo...
Finalmente, reemplazada la vergüenza por la determinación y el valor, que siempre habían caracterizado su mirada, se disponía a emprender el descenso cuando advirtió que a un costado del camino se hallaba un anciano, con los ojos mas viejos que se hubieran visto en la historia de la humanidad, que la miraba y asentía en silencio...como aprobándola...
La Amazona, con curiosidad le preguntó desde cuándo estaba allí...y él tranquilamente le respondió...
-He estado aquí desde siempre, desde antes de ti, desde antes de tus padres y desde antes de los padres de tus padres...y seguiré estando cuando los hijos de los hijos de tus hijos pasen por aquí...
La mujer, sin comprender, le pregunto entonces:
-¿Por qué, si siempre estuviste allí, y seguramente sabías el secreto para mover la piedra, no acudiste en mi auxilio y permitiste que casi muriera?...
El viejo entonces solo la miró, a lo profundo del alma y en un susurro casi imperceptible repitió las palabras que la Amazona hubiera pronunciado al enorme mármol, solo unos minutos antes...y que fueron las que siguen...
"Nunca permitiré que te quedes con mi vida, menos aun con mi dignidad, porque Dios no crearía una piedra tan grande que no me permitiera apartarla de mi camino para seguir adelante... Ya no te temo, pero te respeto porque también tu eres obra de El."
Los dos se dirigieron una última mirada y la mujer partió con su enorme bolsa a cuestas, con la seguridad de que El siempre, pero siempre, estaría allí al costado del camino, aunque no lo viera, cuidando de que la piedra jamás fuera más de lo que ella pudiera apartar si se lo proponía...
FIN
Así de grandes y poderosas somos si encontramos las armas para enfrentar al monstruo dentro de nuestros corazones...
La determinación, la garra, y nuestros amores nos convierten en Amazonas, y de simples mujercitas mutamos a leonas embravecidas, fuertes e inmensas...
Ha pasado el tiempo y por fin entendí…
Ya no estás, pero moviste la roca, vieja, la sacaste de ahí como una leona. La apartaste para que no pudiéramos verla aplastarte. Para dejarnos recordarte entera y digna como una amazona.
Decidiste cuándo y solo seguiste tu camino.
Ahí al costado, a un paso de mí, estarás, de seguro. Vigilando atenta cómo me enfrento al mármol.
En cada día, del día a día que es mi vida desde lo que me enseñaste mientras te dormías despacito, muevo un poquito la piedra.
Sabés que mis brazos estaban cansados antes de tiempo y por un rato perdí de vista mi sangre, pero volví y acá me quedo.
Podés confiar en mí, porque soy la amazona que me enseñaste, y podés también descansar tranquila, sentadita ahí nomás, cerca de mí, para que sueñe tu perfume o tus caricias cuando la bolsa se sienta demasiado pesada.
Cada tarde entrarás a casa, lenta pero firme como siempre lo hiciste y seguirás vigilando mi sueño y mis largos despertares.
Me hubiera gustado que me vieras enamorada y que hubieras leído mis sentires, que son las lágrimas que no pude llorar hechas palabras.
A veces se te extraña mucho, sabés…
Pero me quedo con tus besos de despedida y los millones que me diste durante más de cuarenta años.
Me quedo con las siestas en tu cama calentita. Con tus comidas horribles y tus hermosas manos, que veo cuando miro las mías o las de mi hja, tan iguales.
Me quedo a cuidar nuestro bebito, porque también es medio tuyo.
La tiene clara, vieja, sabe que ahora laburás de ángel y piensa seguir pateándote la pelota a fusilar, mientras cuidás el arco.
Bancalo, porque sos vos en chiquito y tiene ese olorcito lindo a torta casera y a lavanda, que es tan tuyo como mío.
Verlo es como verte y sentir en carne viva este amor grande que me dejaste cuando te llevaste el mío.
Ahora te dejo un rato, mis cachorros llaman, y vos sabes como es este oficio. Ellos son primero, siempre lo son.
Chau vieja…
Sil
